Los productos agrícolas, aún después de su cosecha siguen vivos, por lo que el manejo post cosecha es crítica para garantizar que el consumidor reciba un producto de calidad con todas sus propiedades, tanto organolépticas como nutricionales.
Durante años, esta etapa se desarrolló sin las condiciones necesarias para preservar la calidad, generando mermas significativas y afectando directamente la rentabilidad del productor y la disponibilidad de alimentos al consumidor.
Frente a esta realidad, surge una solución estratégica.
Los Centros de Manejo Postcosecha (CMPC) nacen como infraestructuras diseñadas para intervenir en el punto más vulnerable del sistema: el momento en que el producto sale del campo.
Más que instalaciones, los CMPC representan un sistema de procesos orientado a preservar la calidad, reducir pérdidas y preparar los productos para su comercialización bajo condiciones controladas.
Como toda planta de proceso de alimentos para consumo humano, los productos se hacen pasar por distintos procesos como limpieza, selección, clasificación, empaque, enfriamiento, almacenaje, entre otros, hasta su despacho, todo ocurre bajo estándares que garantizan inocuidad, trazabilidad y eficiencia.
Este modelo permite extender la vida útil de los productos, mejorar su presentación comercial y preservar la calidad, ya que la mejor calidad que tienen los productos hortícolas es en la cosecha y luego corte inicia su senescencia.
El impacto de los CMPC va más allá del proceso ya que fortalecen al productor, mejoran la competitividad del sector agrícola y aportan estabilidad al sistema de abastecimiento a la población.
Porque antes de llegar al mercado, la calidad ya debe estar asegurada. Donde la calidad se preserva desde el origen
Cómo funciona el sistema
En los CMPC, cada producto sigue un recorrido estructurado que asegura su conservación y valor comercial.
Desde su ingreso hasta su salida, todo ocurre bajo estándares definidos.


